Por el puro placer de escribir y de contarle un cuento a una amiga bilbaina, nació esta historia. Fluyó entre la memoria y la imaginación, navegando por ese botxo querido, genuino y metamórfico que, como las nubes, puede tomar nuevas formas. Más tarde apareció Jon Ander, a quien también le gusta bailar, le puso color, y se nos antojó compartirlo.